martes, 21 de agosto de 2018

El Parque del Buen Retiro







No hay nada más apasionante que zambullirse en este inmenso parque en pleno centro de Madrid y que te transporta a otros tiempos con multitud de rincones donde uno se va a encontrar sorpresa trás sorpresa. Está muy claro que hay imágenes del parque que todas tenemos en mente y que son zonas muy visitadas por su gran belleza pero también hay caminos que te llevan a zonas muy especiales de este sitio que te va hacer meditar, que tu mente se ponga a reflexionar. Se respira la paz y la tranquilidad. Os invito desde estas líneas a perderos sin ningún objetivo ni dirección, dejad que vuestros pies os guíen e ir descubriendo paisajes que no se os borraran de la mente.


Antes que nada vamos hacer un poco de historia y luego con cámara en mano os vamos a dejar con algunas escenas congeladas en el tiempo que os puedan servir como motivación para poder iniciar en viaje vosotras mismas.

Origen:

El origen del sitio real se debe a la Orden de San Jerónimo, que edificó en la zona de extramuros de la ciudad un monasterio, que con el tiempo se convertiría en lugar de residencia de los reyes de España, sobre todo en épocas de retiro como lutos o cuaresmas.1​ Con el tiempo, ya en el siglo XVII, a propuesta del Conde Duque de Olivares, se construyó un complejo residencial para los reyes, el llamado Palacio del Buen Retiro. El lugar, rodeado de un conjunto de jardines y diversas construcciones, se diseñó como lugar de reposo y divertimiento del rey y de la Corte.

A finales del siglo XV, siendo rey Enrique IV de Trastamara, era habitual que en su peregrinaje por las diversas ciudades del reino, éstas se disputaran los favores de la capitalidad. Ya en 1460 la elección se inclinaba por la Villa de Madrid y esta predilección se hacía notar por las frecuentes visitas que hacía. Estando de caza por los Campos del Pardo le anunciaron la llegada de una embajada bretona; agradado por la visita, decide hacer un torneo. Durante los días que se celebró el torneo destacó en el mismo el valido Beltrán de la Cueva; como agradecimiento, el rey ofreció a la Orden jerónima la fundación de un monasterio, en concreto sobre la zona denominada en la actualidad San Antonio de la Florida.
En origen, el Monasterio de los Jerónimos se denominó de Santa María del Paso, y fue inaugurado el 6 de mayo de 1465.23​ Durante su reinado, Enrique IV ofreció diversos regalos y privilegios a la orden Jerónima.2​ Tras la muerte del Rey, los monjes se vieron aquejados de fiebres reumáticas y otras enfermedades causadas por lo insalubre del terreno. Esta situación hizo que elevaran una petición a los Reyes Católicos para el traslado.4
Los monjes eligieron la zona oriental de la ciudad (muy cercana al emplazamiento del actual Museo del Prado). Este lugar, de condiciones más saludables, se encontraba extramuros, con agradables arroyosmanantialeshuertas y vientos saludables de la sierra. Se emplearon materiales del antiguo monasterio del Paso. Fernando el Católico reunió Cortes en el nuevo Monasterio entre 1510 y 1512 . Se hicieron entonces unos aposentos para que los Reyes descansasen tras asistir a las celebraciones religiosas. En Europa, la construcción de "cuartos reales" dentro de dependencias de los monasterios era habitual; los monjes jerónimos se convirtieron así 'aposentadores reales'. Felipe II encargó a Juan Bautista de Toledo la remodelación del "Cuarto Viexo e San Jerónimo" añadiendo diversas estancias. Felipe II también financió diversas obras de embellecimiento en el monasterio. De esa época, sólo han llegado hasta nosotros unos grabados de Anton van der Wyngaerde (Antonio de las Viñas) en los que se puede ver una perspectiva de Madrid en la que no aparece el monasterio.5​ Las primeras representaciones del monasterio se encuentran en los mapas detallados en 1635 por F. de Witt (aunque fue Antonio Marceli su autor); en el mapa puede verse el Prado de Recoletos por los Agustinos Recoletos y cómo desde la Puerta del Sol sale una calle directa al monasterio (carrera de San Jerónimo), pasando por la torrecilla de la Música. Este plano da una idea de la situación de las explanadas que serán el futuro Retiro. La frontera de los campos se ve limitada en Atocha por la ermita de San Blas (existía desde 3 de abril de 1588), ubicada a la altura del cerrillo de San Blas. Se aprecian también las dos fuentes del Duque de Lerma en las cercanías.
En la Corte de Felipe III llega a Madrid Gaspar de Guzmán y Pimentel, nacido en Roma, segundo hijo del sevillano Conde de Olivares. Se casó con Inés de Zúñiga y llegó a ser el hombre más poderoso de España. Durante esta época los grandes de la Corte deseaban los solares cercanos al Monasterio, por tener las fincas de recreo más cercanía con el Rey. Entre los que poseían fincas allí se encontraba el Conde-Duque, que tenía unos aviarios de aves exóticas. Este aviario fue donado finalmente al rey Felipe IV, y denominado por el pueblo de Madrid jocosamente como el «gallinero».
(Extraido de la Wikipedia)


A lo largo de su historia ha sufrido diferentes cambios pero sin duda esta de la que hablamos a continuación fue su época más catastrófica:


El siglo XIX fue verdaderamente catastrófico para el Real Sitio. Durante la Guerra de la Independencia, las tropas francesas de Napoleón Bonaparte saquearon totalmente el monasterio de los Jerónimos, ocuparon el Palacio como cuartel y arsenal, y dejaron muy malparado el edificio del Museo del Prado. Además, en el transcurso de la guerra, quedó totalmente destruida la Real Fábrica de porcelana y arrasados los jardines. Durante el reinado de Fernando VII se fueron haciendo reparaciones, pero el estado general del Palacio Real era tan lamentable que se optó por derribarlo, salvando solamente el llamado Casón, antiguo salón de bailes y fiestas, con un magnífico techo pintado por Luca Giordano, y el ala norte de la construcción principal, el llamado Salón de Reinos.16
El monasterio de los Jerónimos, por su parte, quedó muy arruinado, sufriendo un golpe definitivo con la Desamortización de Mendizábal de 1836. Desaparecieron casi todas las dependencias conventuales, restando, aunque maltrechos, la iglesia y el claustro barroco, obra de Fray Lorenzo de San Nicolás. El templo se convirtió posteriormente en parroquia, y tuvo que ser casi enteramente reconstruido bajo Isabel II, tomando en ello especial interés el rey consorte Francisco, siendo los arquitectos encargados de ello Narciso Pascual y Colomer y Enrique María Repullés.17
El 12 de mayo de 1886, un ciclón se abatió sobre Madrid, cargado de fuerte viento, granizo y truenos. Los daños se concentraron en los jardines y el Casón del Buen Retiro, que quedaron destrozados y hubieron de ser restaurados en profundidad cuando apenas se habían recuperado de los desastres anteriores.

Uno de los rincones que personalmente a uno le causa más sensación son los jardines de Herrero de Palacios que fueron lo que se llamó en Madrid la antigua Casa de Fieras  que se remonta al año 1774 y del que se conservan espacios donde estaban los animales y que especialmente llama la atención la osera donde uno puede encontrar un pequeño duende que se añadió una vez que la Casa de Fieras cerró sus puertas al público.

El Duende lleva tras de si una historia que sin duda pertenece a los secretos de Madrid que uno no debe dejar de escapar y visitar el rincón donde le van a llegar multitud de sensaciones


Al tiempo, comenzó a plantearse la existencia de nuestro escurridizo protagonista, la de un huidizo duende que cada día inundaba su particular universo, el Retiro, con bellas y aromáticas flores que hiciesen los paseos de Felipe V lo más placenteros y hermosos posibles. Alguno de los trabajadores del parque incluso aseguraban haber tenido encuentros fugaces con el duende, un peculiar personaje de reducido tamaño que siempre se las apañaba para escapar entre la vegetación y la maleza sin que nadie, hasta el momento, haya podido darle captura.
Pero aquí no acaban sus apariciones. Años más tarde, cuando el parque pudo ser ya visitado por el público en general, fueron muchas las parejas de enamorados las que decían haber sentido la presencia de este habitante del parque. Algunos se aventuran en afirmar que las parejas que tenían la suerte de verlo disfrutaban para siempre de una relación estable y llena de buenos momentos.
Desde aquí os reto a que vayáis al Retiro y seáis capaces de encontrar a este peculiar personaje, sin duda una empresa difícil. No obstante, si queréis ir a lo seguro, en la antigua Casa de Fieras, sobre una de las jaulas que en su día habitaron osos, encontramos una escultura dedicada a este simpático duende. En la obra de José Noja, del año 1985, vemos a nuestro protagonista de hoy tocando la flauta con su rostro gracioso y sus características orejas en punta. Un bonito homenaje para el culpable de que el Retiro, año tras año, se vista de flores en cada primavera. Un ser que lleva siglos habitando entre nosotros y custodiando este preciado parque. Al menos, eso es lo que dice la leyenda.
(Extraido de Secretos de Madrid)